“Profesor estadounidense trata de encontrar en tradiciones olvidadas de Corea el futuro de esta nación” (Español)

Español

“Profesor estadounidense trata de encontrar en tradiciones olvidadas

de Corea el futuro de esta nación”

KOREA.NET

17.06.2013

Emanuel Pastreich, más conocido en Seúl por su nombre coreano, Lee Man-yeol, ha vivido en Corea más de seis años. Es profesor del Colegio de Estudios Internacionales de la Universidad de Kyung Hee, y es el fundador del Instituto de Asia. Pastreich inició sus estudios sobre Asia en la Universidad de Yale, y continuó éstos en la Universidad de Harvard, la Universidad de Tokio y la Universidad Nacional de Seúl. Conforme iba realizando estudios comparados, fue desarrollando un afecto cada vez mayor por la cultura coreana. Hace poco tradujo al inglés cuentos cortos del intelectual y novelista Park Jin-woon (1737~1805).

Pastreich profesa gran admiración por la cultura y literatura de la Dinastía Joseon (1392 a 1910), un periodo que él considera que ha sido subestimado por los coreanos en su precipitada carrera en pos de la modernidad. Actualmente trabaja en un nuevo libro en el que plantea cómo la cultura tradicional coreana podría desempeñar un papel importante en la sociedad contemporánea. El libro en cuestión se titula “Otra Corea”, y en él se abordan facetas de Corea que se pasan por alto y que él considera de gran relevancia para abordar problemas contemporáneos. El libro se publica en coreano y estará a la venta a partir de julio de 2013.

Conversé hace unos días con este estadounidense de ojos azules, alguien a quien sería más exacto llamar ‘cosmopolita del siglo XXI, es un café en Seúl frecuentado por él, Este personaje calvo que lleva gafas y que se acerca a los cincuenta años de edad, me comentó en perfecto coreano varias de sus apreciaciones sobre la narrativa de la época Joseon, las cuales la mayoría de los coreanos desconoce, y ni qué decir las novelas premodernas chinas tales como Ciruelas en una vasija de oro (Jin Ping Mei) y El sueño de la cámara roja (Hong Lou Meng), y narraciones japonesas pertenecientes al género yomihhon del periodo Edo (1603-1867). A lo largo de la conversación, el profesor hizo gala de su vasto conocimiento de la tradición coreana, desde la filosofía y literatura de la Dinastía Joseon, hasta temas relacionados con la sociedad coreana contemporánea.

P: Después de vivir muchos años en China, Japón y los Estados Unidos, ahora se ha establecido en Corea. Ello me recuerda a los eruditos maestros del Periodo de la Primavera y el Otoño de la antigua China (770.403 a. C.), como Confucio, quienes deambulaban por el reino en busca de la sabiduría y de un estado que prestara oídos a sus sensato consejos. ¿Qué es lo que le ha atraído de la literatura coreana,-una faceta del vigor cultural de este país?

R: El camino que he recorrido en mi estudio de Asia empezó por China, concretamente en Taiwán; posteriormente fui a Japón y finalmente, a Corea, siempre tratando de estudiar y acercarme de la mejor manera posible a esta grandiosa tradición. En este momento, al inicio del siglo XXI, la cultura coreana es la más vital y creativa, y fue esa faceta del país lo que más me atrajo. En comparación con China y Japón, Corea cuenta con el sistema de gobernanza más sólido, y las relaciones de cooperación entre gobierno y sector privado más equilibrada y armónicas. No estoy afirmando que Corea es perfecta, sino que aquí me he encontrado con un dinamismo que estimula tanto la innovación como una política estable, algo que es difícil de encontrar en otros sitios. Hay una atmósfera que estimula la flexibilidad y la experimentación, aspectos muy cercanos a mi carácter. No es coincidencia que esté viviendo en Corea.

Los cimientos para producir nuevas tecnología s nueva cultura son considerablemente sólidos, y hay proyectos para futuro. En Corea existe una regeneración y vitalidad palpables. Durante ocho años enseñé literatura japonesa en los Estados Unidos, y viví en Japón durante muchos años. Algo que me parece bastante raro es el hecho de que un japonés me llame y me diga: “Organicemos una conferencia”, o “Redactemos una ponencia”. Sin embargo, en Corea recibo numerosas propuestas de universidades e institutos gubernamentales, al grado de que con frecuencia debo rechazarlas.

Por ejemplo, cuando daba clases en los Estados Unidos, recibí la invitación para ser asesor del Centro Cultural Coreano en la Embajada de Corea en Washington, D. C. Fuí editor en jefe de la revista en línea “Dynamic Korea”. En Corea algo muy poco común -en cualquier país en general- dar un puesto así a un extranjero. También colaboré como consejero del gobernador Chungcheongnam-do (provincia de Chungcheong del Sur). Considero que la apertura de Corea y su dinamismo permiten a los extranjeros participar en la toma de decisión en relación con políticas a un grado notable. La anterior es una excelente virtud de Corea.

P: En su obra más reciente usted comente que dado que enfrentamos retos relacionados con el avance de la tecnología, cambios en la manera como utilizamos la información y las comunicaciones, es tiempo de voltear la mirada a la nobles tradiciones del la época Joseon y redescubrir sus virtudes y relevancia en nuestra era. ¿Cuál es la razón de esta afirmación?

R: En los últimos 60 años, Corea ha alcanzado un elevado nivel tecnológico y económico, lo cual es envidiado en el mundo. Actualmente, Corea es un modelo a seguir por países en vías de desarrollo. Pero no hay tiempo para que Corea se regodee en ello. En la época actual se dan cambios con mas rapidez de lo que muchos se habrían podido imaginar. Corea tiene que avanzar y colocarse en un nuevo nivel, por su bien y por el del mundo. Pero ese nivel no se alcanzará con la creación de un nuevo teléfono inteligente mas rápido, o con un carro deportivo de líneas más elegantes. Este nuevo nivel es de carácter espiritual y artístico, y constituye un genuino liderazgo en el más profundo sentido de la palabra. Para ello, Corea debe reconocer de dónde proviene su éxito y globalizar esa cultural primigenia.

Permítame dar un ejemplo. Hasta el siglo XIX, el gobierno y la sociedad de Corea se regían por las reglas de la corrección (Yehak), una vasto acervo de reglas de buena conducta de la sociedad confuciana, las cuales datan de épocas remotas del Asia del este. Estas reglas del decoro, a diferencia de la actual legislación civil, penal y constitucional, constituía un sistema racional que tenía por objeto invitar a las personas a observar una conducta adecuada. Y también eran formas para gobernar familias y a la nación. En comparación con la legislación moderna, la cual se apoya en el castigo para lograr sus propósitos, las reglas de la corrección eran normativas y, con frecuencia, heurísticas.

Considero que las reglas de la corrección son sumamente eficaces, mucho más que la legislación penal y constitucional, para enfrentar los retos inherentes a una sociedad muy vinculada entre sí. En una sociedad de este tipo, nos hemos dado cuenta de que en la legislación penal y constitucional no está la respuesta. Hay problemas en abundancia cuyo origen se encuentra en los problemas de extraños que intercambian opiniones, establecen relaciones muy estrechas o personas que no se encuentran al mismo nivelm como es el caso de la relación entre estudiantes y maestros, gerentes y oficinistas, y que pueden crear vínculos estrechos en línea.

El problema planteado por esta sociedad vinculada podría parecer de poca monta. Pero no es así, pues genera graves conflictos en cuanto a jerarquías y puede derivar en algo considerablemente grave. Por ello, sostengo que podríamos recurrir a modernizar esa reglamentación tradicional de la corrección y utilizarla con gran ventaja en esta sociedad interrelacionada. Ello demostraría que la filosofía Joseon no es menos avanzada que el pensamiento moderno; al contrario, con sus características que le son propias, es más avanzada y más correcta.

P: ¿Por qué busca la respuesta a los problemas actuales en el pasado de Corea?

R: ¿Qué es la tecnología? Ésta no es sólo semiconductores y pantallas planas. Las instituciones a través de las cuales se gobierna, y mediante las cuales se trata de hacer que los ciudadanos sean mejores personas, también son tecnologías. Son tecnologías que fueron desarrolladas por los coreanos a lo largo de cientos de años, y que repercuten de manera considerable en la actualidad, en caso de que podamos descifrar su código. Tomemos el ejemplo de >i> Los anales de la Dinastía Joseon, ese notable registro histórico de Corea. Un sistema gubernamental es el autor de los anales para garantizar objetividad en la elaboración de registros públicos. Ese sistema humano funcionó bien durante quinientos años en Corea. Todo quedaba consignado, desde hechos concretos, tangibles, hasta cuestiones de sensibilidad humana, todo quedó grabado. El dejar constancia detallada de eventos políticos, y hacerlo con objetividad no es empresa sencilla, incluso en la actualidad.

Ese sistema puede ser un excelente modelo para el gobierno sobre cómo manejar la información con objetividad, y de manera equilibrada. Basta con modernizar esta tradición del pasado, tal y como se creó la democracia moderan: mediante la modernización de la democracia de la antigua Grecia.

Corea tiene muchas ventajas a su favor, pero que pasan desapercibidas. En parte, se debe a la falta de confianza en sí mismos de los coreanos pues aprendieron en la escuela que la modernización consiste en superar el pasado. Yo propongo la posibilidad de descubrir el futuro y observar con todo detalle el pasado.

P: Usted ha planteado que podríamos considerar este reto como algo similar a lo ocurrido en el Renacimiento. Es decir, usted ha subrayado que en esa época, en el siglo XVIII, había toda una gama de nuevas tecnologías y herramientas económicas que fueron llevadas a Europa y no tenían ningún precedente. Sin embargo no bastaba con decir hagamos algo que no haya sido hecho antes. Por su parte, los pensadores del Renacimiento se planteaban, “Volvamos a la grandeza de Roma y Grecia”. Lo que hicieron en realidad fue combinar nuevas tecnologías y nuevos sistemas económicos con el mejor del pasado para crear una nueva civilización. ¿Realmente ve la existencia de un potencial suficiente como para gestar un Renacimiento en Corea?

R: El potencial ya está aquí. Lo que necesitamos es el proyecto. Los anales de la Dinastía Joseon tienen ciertas cualidades pero que son incompatibles con los medios modernos por la precisión. Pero si se logran aunar las fortalezas con la tecnología moderna, podría surgir algo verdaderamente nuevo.

La analogía se puede aprovechar aún más. En la Italia de inicios del Renacimiento, cuando las fuentes de inspiración era la llegada de eruditos de Bizancio, capital de Imperio Romano de Oriente después de su caída a manos de los otomanos. Esos sabios y sofisticados eruditos fueron los que transformaron a Italia. Ello también ocurre en Corea , pues vemos que lo mejor y más brillante del mundo acude a Seúl en busca de oportunidades. Los coreanos preguntan; “¿Quién de los jóvenes coreanos será el siguiente Steve Jobs? ”. Pero esa pregunta no es la que se debe plantear. Lo que hay que preguntarse es cómo lograr que el siguiente Steve Jobs venga a Corea y se quede aquí. Y si es coreano, pero tuvo que irse a vivir a os Estados Unidos, entonces no será un Steve Jobs coreano.

A los avances tecnológicos del siglo XVI se debe la conversión de la tecnología y la cultura, lo que produjo una fusión de contenidos. El mural de la capilla Sixtina de Miguel Ángel es un ejemplo de dicha fusión. Es una forma artística novel que no había en Grecia ni en la Roma antiguas.

La confianza en la propia capacidad para crear cultura también es un factor fundamental. Corea también tiene ventaja en ese ámbito. La voluntad y determinación del país es intensa, así como la energía necesaria para crear alto totalmente nuevo. En ese sentido, la Italia de principios del Renacimiento tenía algo en común con la Corea actual. Corea podría ser un centro cultural como lo fue Florencia durante el Renacimiento, Sólo falta que los coreanos se hagan a la idea de que esto es lo que realmente desean.

Por último, debemos er motivo de inspiración para el público, y no hacerlos trabajar sin cesar. Antoine de Saint Exupery dijo: “Si uno quiere construir un barco, no se ocupen de que la gente vaya a conseguir la madera, distribuir el trabajo y dar órdenes. En vez de ello, enseñen el entusiasmo por el vasto e infinito océano”.

P: ¿Cómo se interesó en la novela coreana clásica, especialmente las obras del periodo Joseon, una época que a muchos coreanos contemporáneos les cuesta trabajo entender?

R: Estaba organizando mi tesis de doctorado, la cual era una comparación entre novelas chinas y japonesas. Me di cuenta de que esa cooperación no tenía sentido alguno a menos de que yo entendiera lo que había sucedido en Corea, Finalmente, comparé la manera como intelectuales coreanos y japoneses adoptaron e interpretaron la narración en chino, especialmente eb la literatura vernácula china. Leí la obra El sueño de las nueve nubes de Kim Man-jung, y escribí prolijamente acerca de ella.

Pero lo que más me atraía era la obra de Park Ji-won. En este sitio había novelas que habrían sido un gran atractivo en su traducción al inglés, reflexioné. En esas novelas se encuentra a un escritor aristocrático convertido en pordiosero, y agricultores pobres que protagonizan sus novelas, algo sumamente raro en la ficción occidental de la época, o incluso en la actualidad. Utilizaba sarcasmo mordaz, pero sin perder su optimismo por la humanidad.

P: Pzark Ji-won y Jeong Yak-ong, dos intelectuales coreanos del siglo XVIII que fueron fuente de inspiración para usted, tenían gran interés por China y Japón. Park trajo consigo nuevas tecnologías e ideas, desconocidas para muchos coreanos. Jeong took estaba interesado en la tecnología para la construcción de Japón, ¿qué es lo que su ejemplo inspira en nosotros?

R: La manera como se concibe la erudición de Jeong y Park se conoce actualmente como “conocimientos prácticos” (shilhak), y tenía un inequívoco sentido: la búsqueda de conocimientos de utilidad, sin sesgos ni ideologías. Por su parte, la clase gobernante de Corea tenían una idea negativa de lo que eran Japón y Manchu debido a que estos países habían invadido Corea, y también carecían de la legitimidad. Sin embargo, estos eruditos plantearon que había mucho que aprender De China (que en esa época gobernada por los manchúes) y Japón. Tenían una actitud abierta, y la disposición para absorber los aspectos positivos de los manchúes y los japoneses, sin importar sus reacciones emocionales.

Parkl considera que los coreanos deben adaptar sistemas y tecnologías menores de China, por ejemplo en ingeniería civil, independientemente del que pudieran haber pensado el gobierno chino. Park escribió en el prefacio del libro “Explicación sobre el aprendizaje en el norte”

Es decir, esa apertura a recibir nuevas ideas fue fundamental, independientemente de cuál era su origen. La palabra “Aprendizaje del norte” se refiere al estudio de la China contemporánea.

El autor señala: “No hay otra forma de estudiar. Si yo no sé de algo, debo preguntar a otros y así subsanar esa carencia. Debo hacer lo anterior, incluso un transeúnte que pasa por la calle puede ser una fuente de infornmación. Si un niño o un empleado doméstico saben más que yo, aún cuando sea un tan sólo un poquitito más, debo aprender de ellos. Si me da vergüenza el que tenga menos conocimientos que otros, y por eso no puedo preguntar a una personas con mayores conocimientos, entonces me quedaré atrapado para siempre en una situación de desesperanza, perdido en ideas anticuadas”.

P: Hace poco usted afirmó que Corea debería tomar como modelo diplomático al antiguo estado chino de Zhou, del periodo de la Primavera y Verano de China. ¿Qué quiso decir con ello?

R: Zhou no era una superpotencia, y era menor que los estrados de Chu y Qin. Sin embargo, Zhou mantenía buenas relaciones con todos los estados e impresionaba al reino por su apego al buen gobierno. Mantenía un equilibrio en la región y era objeto de un respeto que rebasaba su poderío militar. Si consideramos las relaciones internacionales de la actualidad, nadie quiere más la presencia de superpotencias arrogantes. Pero si Corea se apega lo más fielmente posible al modelo de Zhou, su potencial para ser una nación líder no tendrá límites.

P: El progreso económico logrado por Corea es notable, y su rápido crecimiento, sin precedente. Sin embargo, el índice de felicidad de Corea se ha estancado, e incluso ha disminuido, ¿Qué le podría aconsejar a los coreanos para resolver este problema?

R: En física siempre están presentes fuerzas de acción y reacción. Asimismo, el rápido y extremo desarrollo alcanzado por Corea ha tenido su precio. Y el resultado final es que en una tierra que parecería un paraíso para quienes provienen del mundo en vías de desarrollo, hay una depresión generalizada, altas tasas de suicidio y bajas tasas de fertilidad. Una de las maneras de abordar este problema es mediante la reconsideración del legado de la Corea tradicional. Quienes estuvieron a favor de la modernización alegaban que el confucianismo era abstracto, impráctico e inútil, Adoptaron una ideología de lo visible, del aquí y ahora. Sin embargo, con ello se perdieron muchos aspectos espirituales de la experiencia humana. La vivienda del erudito confuciano estaba vacía. Leía unos cuantos clásicos fundamentales, una y otra vez. Sin embargo, su vida era mucho más rica que la nuestras, a pesar de que ahora disponemos de televisión y aire acondicionado. ¿Por qué? Debido a que los coreanos tradicionalistas consideraban -acertadamente- que las cosas más importantes son invisibles para el ojo. Actualmente estamos en riesgo de ir demasiado lejos en la dirección opuesta. Contamos con tecnologías en abundancia, pero como diría Einstein en un ocasión: “Caro se paga lo que gratis se recibe”.

El que Corea haya obtenido logros tan espectaculares implica que el país tiene también la responsabilidad de dar buenos ejemplos. Cuando un coreano bebe un líquido en un vaso de plástico y lo tira al suelo, un visitante de un país en vías de desarrollo veo lo anterior y supone que así se hacen las cosas en los países avanzados.

Cuando visito Corea, detecto muchos problemas, al igual que me ocurre en otros países. Sin embargo, el equilibrio entre gobierno y empresa es un poco mejor; la brecha entre ricos y pobres no es tan acentuada como en otros países. La magnitud de estas brechas podría parecer trivial en este momento, pero conforme pase el tiempo, producirán enormes diferencias.

Los coreanos con frecuencia conciben a los “países desarrollados” como el modelo al que aspiran. Pero esos países ideales no existen. Todos los países del mundo actualmente enfrentan terribles contradicciones y disparidades económicas. Me impresiona que el pueblo coreano considere en gran medida que su gobierno tiene la capacidad suficiente como ara desempeñar un papel positivo y hacer de éste un mundo mejor. En muchos países ya se ha perdido esta confianza y, por lo tanto, les cuesta mucho más trabajo efectuar cambios en ellos mismos.

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